Richard Linklater: Corazon Indie

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Richard Linklater: Corazon Indie

Un experto en hurgar en lo cotidiano.

Con apenas 23 mil dólares, Richard Linklater salió a filmar por las calles de su vecindario y concibió una de las grandes sorpresas de los ´90: Slacker (1991). Aquella grabación, casi amateur pero con el atractivo hípster de la llamada Generación X, presentaba a  jóvenes de Austin con inquietudes artísticas y a algunos vagos con una particular filosofía de vida. Sin dudas, el cineasta tiene mucho de esos bohemios e intelectuales que registró con su cámara de 16mm y vistos en la actualidad parecen ser una disección de todas sus motivaciones y desmotivaciones.

La prensa no tardó en agruparlo en una selección indie con tipos como Quentin Tarantino y Steven Soderbergh con los que no tenía nada que ver, pero también habían conseguido llamar la atención con sus primeros trabajos. Con todas las miradas puestas sobre su próximo paso, Linklater tuvo la virtud de seguir siendo relajado y filmó Rebeldes y Confundidos (Dazed and Confused, 1993). Este retrato sobre el paso de la adolescencia a la adultez recordaba a American Graffiti (1973), y tuvo una suerte de secuela espiritual el año pasado: Everybody Wants Some!! (2016).

A lo largo de su carrera, mantuvo su energía juvenil  y volvió una y otra vez sobre sus inquietudes estéticas y temáticas, alternando entre lo pretencioso y lo mundano. Si bien se involucró en el mainstream en films como Escuela de Rock (School of Rock, 2003) y La Pandilla Newton (The Newton Boys, 1998), su mejor versión parece ser cuando se obsesiona con un proyecto personal y se compromete a pleno. Acá elegimos tres títulos imprescindibles de un director que ya tiene su lugar junto a los nombres más brillantes del cine independiente norteamericano.

Antes del Amanecer (Before Sunrise, 1995) / Antes del Atardecer (Before Sunset, 2004) / Antes del Anochecer (Antes del Anochecer, 2013)

Es tramposo dentro de esta sección arrancar con una trilogía completa, pero lo mejor que podés hacer si no viste ningún capítulo de la historia de amor ocasional entre el gringo Jesse (Ethan Hawke) y la europea Celine (Julie Delpy) es disfrutarla de un tirón. Linklater observa a dos personas que se toman un día cada muchos años para ser un poquito felices entre todas sus responsabilidades. La historia avanza entre muchos fotogramas para decorar una cafetería  y es imposible no desear que dejen todo atrás para estar juntos.

Despertando a la Vida (Waking Life, 2001)

Prescindiendo de una lógica narrativa y realizada a través de la técnica de animación Rotoscope, Linklater nos regaló una suerte de versión perfeccionada (y surrealista) de Slacker. Otra vez, vemos y oímos manifiestos sobre la vida moderna en boca de jóvenes que no encuentran sentido al correr de sus días y discuten como si fueran grandes autores. Es pretenciosa, pero también es magnética y posee varias ideas que se te quedan dando vueltas en la cabeza. “Los sueños son el destino”, se convertiría en una de las frases hípster por excelencia.

Boyhood: Momentos de una Vida (Boyhood, 2014)

Durante el 2002 y el 2014, el director pasó varias semanas con todo su equipo para rodar esta historia que nos mostró pasajes de la vida de Mason (Ellar Coltrane) desde la escuela primaria hasta su llegada a la universidad. Una experiencia cinéfila tremenda que capturó las emociones más intensas de una persona común y corriente sin la necesidad de momentos extraordinarios. Linklater podría haber filmado solo esta rareza y morir en paz, pero el resto de su filmografía se comprende como un camino encantador para concebir semejante obra maestra.

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