NICOLAS ROEG: CULTO Y LISERGICO

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NICOLAS ROEG: CULTO Y LISERGICO

Un director que se atrevió a experimentar en todos los géneros.

No suele estar en la lista de los mejores realizadores de la historia, pero muchos de los que sí la componen lo mencionan como una gran influencia. David Lynch, Quentin Tarantino y Danny Boyle, entre otros, casi que se vieron obligados a mencionar el nombre de Nicolas Roeg en alguna entrevista. Motivos sobran: él fue uno de los primeros en jugar con la cámara, explotar los recursos del montaje, prescindir de una narrativa súper estructurada y arriesgarse a la hora de poner en escena contenido sexual o violento.

Roeg primero alcanzó cierta reputación como director de fotografía –lo que explica sus planos rarísimos- y luego se involucró en el cine bajo el padrinazgo de David Lean con quien colaboró en Doctor Zhivago (1965) y Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962). Su primer trabajo fue Performance (1970), una producción lisérgica de gangsters y rockeros que tenía como atractivo el protagonismo de Mick Jagger y una estética lisérgica. Más tarde se volcaría a otros géneros sin resignar ninguno de sus experimentos.

Hoy, a los 89 años, se ha convertido en un artista de culto al que creemos imprescindible revisitar. Quizás ninguna de sus películas sea una obra maestra o una realización perfecta, pero muchas de ellas contienen momentos que siguen resultando hipnóticos y alucinantes como ver a David Bowie intentando comprender a los humanos en El Hombre que Cayó a la Tierra (The Man Who Fell to Earth, 1976). Acá elegimos nuestras preferidas de su filmografía.

Encuentro de Dos Mundos (Walkabout, 1970)

Según sus propias palabras, todo el equipo se mandó al desierto australiano sin idea de lo que iban a encontrarse. Una vez allí, el cineasta se maravilló con el paisaje y eso queda clarísimo con la cantidad de tiempo del metraje que ocupan detalles de la flora y fauna. Eso sí, no solo el ambiente lo transforma en su mejor film sino la habilidad que tiene Roeg para retratar el encuentro casual entre un joven aborigen y una chica de clase alta que queda varada en el caluroso outback. Si necesitas diálogos constantes no te la recomendamos, pero te advertimos que te estás perdiendo muchas secuencias de esas que te quedan grabadas.

Venecia… Rojo Shoking (Don't Look Now, 1973)

Su película más masiva fue este thriller alucinatorio que utiliza todos los recursos del cine de horror. En su época tuvo generó un poco de polémica por la cantidad de sangre y la intensidad de una escena en la que sus protagonistas tienen sexo. Sin embargo, lo mejor es el clima que crea el director para mostrar los delirios místicos a los que se someten dos padres desesperados tras la muerte de su hija. Un párrafo aparte se merece su final, uno de los más icónicos de los ´70, el cual recuerda a los momentos más inspirados de Roman Polanski con un montaje que  te sacude el bocho con una serie de imágenes tétricas.

La Maldición de las Brujas (The Witches, 1990)

Esta producción debería haber sido un film para chicos, pero definitivamente no lo es. Si la disfrutaste de purrete sin taparte los ojos no tenemos dudas que ahora sos un tipo bastante desalmado (va con onda). Aunque el realizador le bajó un cambio a su faceta más estilosa, su visión de un clásico de Roald Dahl tiene momentos realmente grotescos y un sentido del humor bastante enroscado que se alejan muchísimos de otros films ATP de los ´90. Además, no solo se destaca su trabajo sino la animación del maestro Jim Henson y Anjelica Huston como una bruja muy malvada que atormenta a un pibito.

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