ALEJANDRO GONZALEZ IÑARRITU: POESIA QUE DUELE

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Tres Imprescindibles

ALEJANDRO GONZALEZ IÑARRITU: POESIA QUE DUELE

Elegimos sus tres películas imprescindibles.

Más allá de ser uno de los cineastas más alabados por la prensa especializada en los últimos años, todavía hay quienes reniegan de su estilo. Los motivos son más que respetables: el cine de Alejandro González Iñárritu es soberbio en todos los aspectos -desde los intelectuales hasta los técnicos-. El director tiene el talento y la valentía de entregarnos reflexiones globales a partir de una visión inevitablemente sesgada de la realidad y un no tan sutil subtexto. De ahí que algunos puedan conmoverse y maravillarse, mientras otros desprecien el lugar de juez donde, a veces, se pone la cámara del mexicano.

La pobreza, la obsesión por la estética, la drogodependencia y todas las problemáticas modernas que se les ocurran, Iñárritu no le escapa a ninguna y se atreve a profundizar tanto en estos temas que lastima. No es casual que él mismo se refiera a sus primeras películas corales como “Trilogía del Dolor” por la angustia que generaba su visionado. Tras esa seguidilla triunfal, el mexicano presentó la durísima y, esta vez, excesivamente manipuladora Biutiful (2010) que se conoce popularmente como la “menos buena” de su filmografía que se coronó, hasta el momento, con El Renacido (The Revenant, 2015).

Elegir tres de sus películas ha sido muy difícil porque casi todas ellas son realmente brillantes. Por ese motivo, esperamos que nos digan si están de acuerdo y, de lo contrario, cuáles son sus favoritas. En el caso de nuestra selección, lo más interesante es que, a diferencia de la mayoría de las veces que armamos esta lista, nunca colocamos dos de las últimas realizaciones del autor en cuestión. Eso nos invita a pensar que su mejor trabajo está por llegar.

Amores Perros (2000)

Esta madre del “nuevo cine mexicano” –no solo en Argentina tenemos ese vicio de etiquetar- fue una experiencia que le otorgó reconocimiento mundial al director. Comparada erróneamente con Tiempos Violentos (Pulp Fiction, 1994) por la articulación de distintas historias, lo de Iñárritu tiene muy poco de Tarantino. No hay nada pop a lo largo de su intenso metraje y reina una mirada más crítica que contemplativa de cómo se vive en el D.F. Las miserias de los pobres, las miserias de los ricos, la cicatrices de las dictaduras latinoamericana y un pilón de emociones universales.

Birdman o (La Inesperada virtud de la Ignorancia) (Birdman, 2014)

El cineasta se la jugó con este experimento que parecía destinado a ser catalogado de delirio pretencioso y repartió cachetadas  por igual para los consumidores de obras intelectuales y fenómenos de masa. No importa si te gusta  Raymond Carver o Michael Bay, después de verla, seguro tenés un manotazo en la cara. El director se alejó de su registro más crudo y nos regaló esta suerte de plano secuencia eterno que se sostiene a través de situaciones tremendas y, sobre todo, la actuación de un Michael Keaton que se atreve a burlarse de sí mismo.

El Renacido (The Revenant, 2015)

Dejando atrás cuestiones coyunturales para meterse con las emociones más primarias del ser humano, el director nos presentó esta experiencia cinematográfica tremenda que le dio su merecido Oscar® a Leo DiCaprio. Según la crítica, el hecho de ver al protagonista en un entorno natural recordaba lo mejor de Terrence Malick y todo su contenido intelectual. Sin embargo, lo de Iñárritu es muchos más físico y no entiende de sutilezas. Tanto es así que es imposible no sentir en la nuca la respiración de un oso salvaje durante todo el metraje.

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