WES CRAVEN: SINONIMO DE TERROR

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WES CRAVEN: SINONIMO DE TERROR

Tres películas inevitables de un maestro que supo asustar y reírse de sí mismo.

A lo largo de su extensa  carrera, Wes Craven no solo se reinventó en varias oportunidades sino que alteró el curso de las producciones de terror. En un resumen bestial de sus hitos podríamos decir que el maestro filmó el “Rape & Revenge” más recordado de los ´70, le regaló un ícono al slasher en los ´80 y se atrevió a la autoparodia en los ´90. La clave para lograrlo fue resistirse al piloto automático y arriesgarse a experimentar sin temerle a las extravagancias. Incluso, cuando se tratase de una secuela de su propia obra o una producción por encargo.

Mientras algunos de sus contemporáneos como Carpenter o Cronenberg se caracterizaban por un buscar un estilo más personal, él utilizaba las armas de las producciones clase B y no se sonrojaba a la hora de concebir escenas muy genéricas. Su fuerte era la construcción de un código intertextual con sus espectadores que le permitía reírse del género sin resignar sustos ni sangre. Como consecuencia de este lazo, muchos amantes del horror sostendrán que Shocker (1989) y Obsesión Fatal (Deadly Friend, 1986) son gloriosas, mientras la crítica las seguirá bastardeando...

Leyenda y emblema, Wes Craven  es un nombre imprescindible para entender los cambios y las ambiciones del cine de terror durante las cuatro décadas pasadas. Acá elegimos nuestras favoritas de su filmografía y esperamos que nos digan cuáles incluirían ustedes.

Pesadilla en lo Profundo de la Noche (A Nightmare on Elm Street, 1984)

Después de Noche de Brujas (Halloween, 1979), los killers se pusieron de moda y coparon las carteleras. Sin embargo, el único que logró darle una vuelta de tuerca al fenómeno fue Freddy Krueger. A diferencia de sus pares, parcos e indestructibles, carucha de pizza tenía sentido del humor y una manera más lisérgica de apilar fiambres. Craven le agregó carisma a la fórmula y hasta se atrevió a profundizar en los personajes que estaban a punto de ser incinerados o licuados.

La Serpiente y el Arco Iris (The Serpent and the Rainbow, 1988)

A diferencia del resto de las producciones con comesesos de los ´80, el director se alejó del estereotipo creado por George Romero y nos regaló uno de los films de terror más extraños de los ´80. Sin hordas ni apocalipsis a la vista, los muertos acá volvían a la vida por prácticas vudú como sucedía en Yo Dormí con un Fantasma (I Walked with a Zombie, 1943) y el miedo se construía a través de ritos. Todo se va al carajo al final, pero el recorrido hasta el clímax es brillante.

Scream: Vigila Quién Llama (Scream, 1996)

En La Nueva Pesadilla (New Nightmare, 1994), Wes Craven se atrevió a hacer un ejercicio de metaficción y actuó de sí mismo. Si bien el film tuvo algunos momentos que generaban vergüenza ajena, dos años después, el realizador limó la fórmula  y nos regaló el más cínico de los homenajes. Mientras Ghostface se encargaba de los sustos y perseguía jovencitos, el realizador destruía la cuarta pared para reflexionar sobre el género y provocar complicidad en los espectadores.

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