PETER BOGDANOVICH: DIRECTOR DE EMOCIONES

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PETER BOGDANOVICH: DIRECTOR DE EMOCIONES

Siempre es un buen momento para conocer a uno de los grandes.

Cuando se revisa la biografía de Peter Bogdanovich, el destino parece haberse obstinado en transformarlo en uno de los grandes directores del “Nuevo Hollywood”. Durante una discusión de bar, muchos de sus pensamientos sobre cine lo tomaron por sorpresa al editor de la revista Esquire y así comenzó su carrera como crítico. Ese oficio lo llevó a mirar con los ojos de sus colegas de la Nouvelle Vague, a quienes estimaba como cínicos escritores y como novedosos cineastas, y a conocer en profundidad a sus admirados Howard Hughes, John Ford, Orson Welles y Alfred Hitchcock. Todo ese bagaje se aplicó al celuloide cuando Roger Corman le propuso dirigir la delirante Voyage to the Planet of Prehistoric Women (1968) y apoyó su primera realización genuina: Míralos Morir (Targets, 1968).

Sus trabajos iniciales se caracterizaron por narrar historias mínimas donde el desenlace era mucho menos importante que la transición de sus personajes. Incluso, en aquellos años, se dio el lujo de rechazar El Padrino (The Godfather, 1972) porque no estaba interesado en retratar estereotipos ni en las puestas en escena glamorosas. Tras el fracaso de Daisy Miller (1974), ya nunca volvería a ser muy popular y lo atacarían por elegir obstinadamente a Cybill Shepherd - su pareja, por ese entonces- como protagonista. A partir de fines de los ´70, lo más destacado de su filmografía fueron comedias como Aquella Locura del Cine (Nickelodeon, 1976) y Nuestros Amores Tramposos (They All Laughed, 1981) que lo convirtieron en un referente del género. Ya en los ´90, rodaría aisladamente y dirigiría telefilms para afrontar la bancarrota.  

Actualmente, Bogdanovich es uno de los mayores detractores del momento que vive la industria, y eso es totalmente coherente con su manera de hacer películas. Lejos de la espectacularidad y la fantasía que copan las carteleras, él conectó con el público a través de emociones y situaciones universales: la amistad, el amor, las crisis de edad, los duelos, el abandono, el sentido de pertenencia y la (des)construcción de los lazos familiares. Curiosamente, siempre se refirió a su cine como una experiencia para adultos, pero nos permitimos llevarle la contra y afirmar que su cámara también perfora la sensibilidad adolescente. Aquí elegimos tres títulos imprescindibles de un tipo al que Wes Anderson llama “papá” por todo lo que le ha dejado como herencia creativa.

La Última Película (The Last Picture Show, 1971)

Su obra maestra y una de nuestras películas favoritas de todos los tiempos. Sí, así de tajantes. Esta historia en blanco y negro con pocos personajes y pocos escenarios tiene la virtud de ser profunda sin la necesidad de que los diálogos sean abrumadores. Las situaciones, las miradas y las preocupaciones de unos jóvenes texanos empujados  a madurar y la desesperación de un grupo de adultos que se estrellan con la vejez, sino te pegan justo en el pecho, te atraviesan tus propios recuerdos. ¡Y eso que está ambientada en la década del ´50!

Luna de Papel (Paper Moon, 1973)

Ya les comentamos quienes habían sido sus maestros y, en esta suerte de road movie, Bogdanovich saca a relucir todo lo maravilloso del cine clásico. El viaje nos muestra como un estafador de poca monta debe encargarse de la hija de una antigua amante que, casualmente, tiene “su misma barbilla”. La relación entre ellos está cargada de ternura y pasos de comedia que no podrían haber sido tan perfectos si los actores no hubieran sido Ryan O'Neal y su verdadera retoña, Tatum. A pesar de su anticuada inocencia, mantiene su encanto intacto.

Detrás del Telón (Noises Off..., 1992)

Capaz porque esperaba que sea su regreso al mainstream, este film sea descaradamente comercial y sumamente efectivo. Son más de 100 minutos de gags inteligentes y actuaciones geniales de grosos como Michael Caine, Carol Burnett y Christopher Reeve. Alejado de las emociones profundas, el cineasta muestra su lado más desfachatado para retratar una serie de contratiempos que sufre un elenco que está a punto de estrenar una obra. Si no tenés una sonrisa de oreja a oreja durante su visionado, deberías preocuparte por tu sentido del humor.

 

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