Alex Cox: un cineasta en contra del Sistema

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Alex Cox: un cineasta en contra del Sistema

Elegimos nuestros films favoritos de este genio punk.

Una película, una canción, una pintura, una fotografía  o un discurso, te pueden cambiar la percepción del mundo para siempre. En ese sentido, cuando uno repasa las entrevistas que le han realizado medios de distintos países a Alex Cox es fácil identificar dos momentos bisagra en su vida: el día que vio Trono de Sangre (Kumonosu-jô, 1957) en la tele junto a su padre y la primera vez que escuchó The Clash. Esas dos pasiones lo marcarían y se volverían muy identificables a lo largo de su carrera como director.

Gracias a todas las particularidades narrativas y estéticas que tuvieron sus primeros trabajos a mediados de los ‘80, este británico no tardó en encontrar su público y varias revistas especializadas lo etiquetaron como el primer cineasta punk. En aquellos años, su estilo se caracterizó por mezclar elementos surrealistas, personajes llamativos y un humor muy ácido sin descuidar lo que más le interesaba representar del movimiento cultural: la disconformidad de gran parte de los jóvenes con el sistema. 

El último trabajo del realizador para una gran compañía fue Walker (1987), un western idealista que decidió rodar en Nicaragua para demostrar que la revolución sandinista no era “todo eso” que informaban los medios hegemónicos. De ahí en más, el resto de su filmografía se volvió muy difícil de seguir –internet lo ha facilitado un poco- pero, si les atrapan estas genialidades que les sugerimos, toda su obra es muy recomendable. ¡Ah, también es el coguionista de la inminente 27: El Club de los Malditos (2018)!

Todo Legal (Repo Man, 1984)

Para amarla u odiarla, esta película de bajo presupuesto con unos efectos especiales geniales es de visión obligada para cualquier cinéfilo. Nihilismo explícito, pandillas y aliens (¡!) se reúnen para una experiencia alucinante en la que vemos a Emilio Estévez como un adolescente rebelde que termina en un lío gubernamental/espacial. Además, la energía de la banda sonora compuesta por Iggy Pop, Circle Jerks, The Plugz y Black Flag, entre otros, le termina de dar al debut del director un estilo único. Muy distinta a cualquier producción para jovencitos de los 80.

Sid y Nancy (Sid and Nancy, 1986)

A muchos les desilusionó esta biopic en la que Gary Oldman interpreta de manera brillante a Sid Vicious. ¿Motivos? Los  fans de Sex Pistols esperaban mayor profundidad a la hora de presentar el sitio que ocuparon los londinenses en la escena musical, pero el director optó por otorgarles un lugar tangencial. En su relato, lo central es el romance tóxico entre los Romeo y Julieta heroinómanos del título y el reflejo de una juventud tan ingenua como autodestructiva. Curiosamente, a pesar de su sordidez, tiene muchas imágenes encantadoras.

El Patrullero (1991)

En este film que marca el comienzo de su etapa como realizador en México, el realizador nos muestra todas las problemáticas que llevan a un cadete a ser corrupto. De entrada, la premisa es clara “no importa ni dónde ni cuándo, siempre hay infracción” pero una vez que se instala en su puesto, todo se vuelve más turbio que inventar multas. Lejos de los abusos de autoridad que carcomían a Harvey Keitel en Un Maldito Policía (Bad Lieutenant, 1992) de Abel Ferrara, acá las inmoralidades son el corazón de toda la fuerza de seguridad. Tremenda.

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