GUS VAN SANT

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Tres Imprescindibles

GUS VAN SANT

Tres películas que no podés no ver de este director.

De la misma película de Gus Van Sant, un crítico puede decir “insoportable” y otro puede afirmar que estamos frente a un evento cinematográfico “impresionante”. Lo cierto es que pocos directores nos han regalado tantos títulos que atraviesen temas tabú con tanta frescura. Ojo, tampoco nos olvidamos de esa suerte de “homenaje” a Psicosis (Psycho, 1960)…

Al comienzo de su carrera, después de presentar Mala Noche (1985), la prensa lo marcó como un L'enfant terrible por su manera de reflejar (de forma muy pop) las problemáticas más turbias de la juventud. Ya en los noventa, grandes actores le pedían formar parte de sus películas para ganar un poco de prestigio y así, por ejemplo, vimos a Nicole Kidman como una verdadera femme fatale en Todo por un Sueño (To Die For, 1995).

Como era de esperar, los premios no tardaron en llegar con En Busca del Destino (Good Will Hunting, 1997) y luego se repetirían con Milk (2008), dos películas con todo lo que exige el gran público. Eso sí, en medio de esos grandes éxitos, Van Sant volvió a experimentar lejos del mainstream en films como Last Days (2005), un retrato libre y exasperante del ocaso de Kurt Cobain.  

Lamentablemente, en los últimos años, el director juntó más detractores que admiradores y títulos como Tierra Prometida (Promised Land, 2012) y The Sea of Trees (2015) no estuvieron a la altura de lo mejor de su filmografía. Acá elegimos tres de sus películas que nos parecen imprescindibles, conscientes que las “ganadoras” pueden ser muy polémicas…

Drogas, Amor y Muerte (Drugstore Cowboy, 1989)

Vamos a empezar por lo primero: aunque a Van Sant le encanten los personajes marginales, lo suyo no es el realismo y sus protagonistas, por más callejeros que sean, siempre lucen “chic”. Aclarado eso, no caben dudas que esta es su mejor película. Trágica, sucia, liviana y con diálogos excelentes, esta historia de un grupo de drogadictos que roba farmacias tiene momentos de esos que te quedan dando en la cabeza más allá de los créditos. Se destaca el trabajo de los jóvenes actores, pero sobre todo el de Matt Dillon como un líder supersticioso.

Mi Mundo Privado (My Own Private Idaho, 1991)

Es imposible verla y no pensar en el talento inmenso que tenía River Phoenix. El joven actor interpretó a un taxi boy que padece narcolepsia, mientras trata de lidiar con la idea que su amor hacia Scott Favor (Keanu Reeves) no es correspondido. Pese a lo sórdido de la temática, el director jamás pierde la dulzura y eso es lo más distinguido del film. Quizás, otras de sus realizaciones sea más imprescindible, sin embargo, la enorme escena en la que se desarrollan, simultáneamente, dos velorios de clases sociales opuestas fue determinante para su selección.

Elefante (Elephant, 2003)

Hasta último momento, este lugar se lo estábamos dando a la infravalorada Paranoid Park (2007). Pero recapacitamos un poco y nos pareció justo incluir a este hit indie por su notable trabajo de dirección. Nada luce artificial en el metraje, Van Sant experimenta con la cámara –el doble punto de vista en los pasillos es de esas secuencias obligadas para los estudiantes de cine- y logra representar el horror de la masacre en el instituto Columbine con la misma frialdad que retrató la vida cotidiana de los asesinos. Eso, la volvió aún más espeluznante.

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